Salir de la Mazmorra I

SALIR DE LA MAZMORRA I

Vivimos en un mundo que, por su configuración e historia, está lleno de represiones.

Los fetichismos, las prácticas no convencionales, sexuales o no, viven en ese mundo de oscuridades y claroscuros, envueltos en un halo de sensualidad que poco a poco, ha perdido esa pátina que antes se le adjudicaba, de sordidez y vicio.

Ahora, y gracias a, paradójicamente, algunas novelas y películas que tratan el tema (y, sí, me puedo referir a la funesta 50 Sombras de Grey, pero podría referirme a otras como las novelas de Malenka Ramos donde el tema se trata con más autoridad, o los acercamientos un tanto fantasiosos pero válidos de Lena Valenti), prácticas del BDSM se han ido filtrando como, si bien no lo “normal” (quién define lo “normal”, por otro lado…), sí como prácticas aceptadas de cama, y ha permitido que el gran público no solo lo conozca, sino que, además empiece a interesarse, o a manifestar esas fantasías reprimidas por capas y capas de comportamiento, moral y costumbre. Además, y hay que mencionarlo, a la gente que lleva años en este mundo del BDSM y han luchado por si visiblidad y normalización.

¿Te gusta que te azoten?  ¿Te gusta azotar? ¿Te gustan los pies? ¿Te gusta la idea de ser sometido/a? Enhorabuena, eres totalmente normal. Pero, claro, no siempre vale esa “normalidad” y en ocasiones las parejas no acompañan, la situación no es la adecuada, se descubre tarde este excitante mundo.

Pero nunca es tarde, si la fusta es buena, y ¿por qué no probarlo? Las prácticas son siempre Sanas, Seguras y Consensuadas. Empieza por el principio. Infórmate, lee, descubre qué te gusta, coquetea con tu fantasía. ¿No conoces la forma de llevarla a cabo? Bueno, para eso estamos las profesionales que, con nuestra experiencia, además de llevarte a las puertas de nuevas sensaciones, vemos qué necesitas, te asesoramos y te hacemos probar eso que quieres y deseas.

Elige tu deseo...
                                                          Elige tu deseo…

Salir de la mazmorra, valga el término, no es algo fácil. Y no siempre podrás irlo diciendo por ahí, sea cual sea la práctica que te guste. Quizás tu pareja no lo entienda, pero reprimirlo, vivir con ese deseo enquistado, créeme, es mucho peor, es un dolor sordo, es que te falte una pieza. Y déjame decirte, entre tú y yo, que una vez que lo pruebas y realizas lo que deseas, descubres que quieres más, eres una persona nueva, más completa, mejor.

No eres un vicioso, ni un pervertido (a menos que te guste Justin Bieber), ni un desviado. Simplemente tienes un gusto alternativo, que se sale de la norma, que te realiza, que te lleva a trasponer los límites de la fea y cruda realidad, y te puede llegar a completar como persona.

Y, admítelo, volver al trabajo y que nadie sospeche que llevas una marca de un fustazo en tu culete, es un secreto emocionante…

Continuará…

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