Internamiento II Lo que se puede sufrir

internamiento en BDSM

Internamiento en BDSM

Llegas el día de tu internamiento. Has tributado a la Domina para que ese día te lo dedique a ti en exclusiva, todo ese mundo de BDSM profesional, toda esa malévola atención posada en ti.

Te has preparado, depilado, afeitado y vestido adecuadamente y ahora, nervioso, llamas al timbre sin saber lo que te van a deparar esas 24 horas al servicio exclusivo de Domina Ghalia.

El internamiento es una práctica de las que podemos considerar como mayores, más intensas y prolongadas, dado que el sumiso está totalmente bajo la atención continua de la domina, sin interrupciones o, según lo pactado, participando de su actividad.

Exclusividad

Has tributado por estar a su servicio, a sus pies, por nada más llegar, ser obligado a desnudarte, postrarte ante ella, sentir la excitación de su mirada recorrerte y verte como el sumiso, el esclavo, el animal sediento de dominación que eres. Sientes que tu sangre palpita cuando ella te acerca su perfecto y pequeño, delicado pie, para que lo beses, con sus uñas lacadas en rojo para ser honrados y atendidos. Tu miembro lucha por crecer y te sientes más sucio e inmundo que nunca.

Ahora eres suyo durante todo ese tiempo para lo que ella determine. Puedes ser humillado, feminizado, obligado a vestir como una sirvienta y llevar un plug horadándote las entrañas mientras atiendes su casa en los ratos en que estás fuera de la mazmorra.

Puede que tu fantasía de internamiento sea ser tratado como una mascota, un perro, jugar con la domina a la pelota, ser educado y disciplinado, obligado a dormir en una cama de perro, comer comida perruna y no poder actuar como un humano, pues sólo eres un perro, una sucia criatura que debe ser disciplinada y castigada y que ya se verá si merece otra cosa.

Pero también puedes ser una sissy que desea su internamiento con una Domina que la enseñe y tutorice, que la trate como la criada, que la ayude a profundizar en su condición de sissy, enseñándola a maquillarse, a caminar y sentir como una mujer, eliminando toda su masculinidad y transformándola en otra bella criatura a su servicio que también sufrirá en la cruz de San Andrés y por los fallos en el servicio, siendo castigada por ser una zorra descuidada; y también puedes ser entrada en disciplinas sexuales, como objeto receptor, como zorra sedienta.

Sin Exclusividad

Estás en la puerta de la mazmorra. Apenas eres más que un mueble hasta que Ella te da la vida con sus palabras. Aguardas a que te de venia. Ella empieza la sesión. Sesión en la que, como interno a su disposición, puede ser utilizado, ayudar, o ser humillado con una y mil prácticas que su deliciosamente retorcida mente piense.

Puedes ser objeto de sus atenciones, castigado junto a otro perro, obligado a complacer o ser objeto sin valor a los pies de la domina, su escabel, su mesa, su perro prostituido si ella quiere.

El internamiento en sí, como veis, perritos y sumisos míos, mis queridas sissys, conlleva desde ser usados hasta ser disciplinados, con pruebas, castigos, aislamientos o servicio doméstico, todo lo que la domina requiera de vosotros. Porque en el fondo, es vuestra Voluntad lo que quiero.