Fetichismo del cuero. La oscuridad hecha piel

fetichismo del cuero

Fetichismo del cuero. La oscuridad hecha piel.

 

Hay un fetiche que también, como todos, en el fondo, me atrae. Casi tanto como el látex, pero de otra forma, con una diferencia más sutil. No olvidemos que yo soy fetichista de los fetichistas. Me encantan ver cómo lo viven, cómo lo comparten conmigo. Y este caso no es la excepción: es el fetichismo del cuero.

El fetichismo del cuero es uno de esos atractivos de este mundillo del BDSM que Steward siempre llama «el mundo del cuero y las cadenas», y yo me he acostumbrado a decirlo, también. Es ese mundo donde el cuero predomina, donde su mera presencia ya es dress code. Quizás es uno de esos elementos con los que más se identifica el BDSM en sí, en casi todas sus variantes (quitando a los de la rama del látex, claro).

El cuero imprime sus propias normas: tú te tienes que domar la pieza, si bien suelen estar hechas a medida, no puedes evitar tener que trabajar con ella para que las dobleces y pliegues sean adecuados. Es una lucha piel contra piel para acabar imponiéndote. Pero luego su caricia es agradable y cálida. Puede ser exigente y hacerte marcas como la Dómina más estricta, o puede acariciarte dulcemente.

fetichismo del cuero

Su olor es particular, único, sensacional. Te inunda cuando lo vistes, te indica tu posición si te colocan una máscara de cuero, te dice que estás en ese lugar soñado, ese lugar donde vives de otra manera y sientes en profundidad.

En el fetichismo del cuero, el cuero premia y castiga. Los collares de entrenamiento son de cuero basto y poco tratados, los gorjales de cuero inmovilizan e impiden a la cabeza bajar, cruelmente. Los collares de esclavitud son de cuero suave y se adaptan como una caricia eterna al cuello. Pero como he dicho, castiga. Las palas pueden ser de cuero, la temible fusta, también, y terribles (y deliciosos) instrumentos de impacto son de cuero, como la lengua de dragón o las palmetas, látigos trenzados de trallas de punta y floggers.

El fetiche del cuero te inunda cuando la máscara te cubre y te revela, una vez más, tu sitio en el mundo. Cuando lo hueles sobre la piel de tu Diosa, en sus botas o sus prendas, que la abrazan como oscuridad sólida y la entronizan a tu alrededor. Su trono es de cuero, sus botas, también, todo lo que te rodea lleva trazas de cuero, y eso te dice que tu fetiche del cuero está vivo, te circunda, y te postras a sus pies, a mis pies. Quizás desnudo, quizás con algunas prendas de cuero, una máscara de perro, un traje completo, un pantalón o unas botas. El cuero en ese momento lo es todo.

Como veis, este fetiche del cuero es uno de los más extendidos en el mundo del BDSM y de los fetichismos asociados, y desde luego, también es uno de los míos. Y vosotros, ¿lo compartís?