Clientes y clientes. Experiencias en el dominio

by Steward Metatron.

Llevamos ya un tiempo de colaboración Domina Ghalia y yo, como su mayordomo.

Ghalia es extremadamente independiente, y nos reunimos puntual y periodicamente para tomar decisiones estratégicas, charlar, tomar un café y hablar de clientes, perspectivas del negocio en los que ella no deja de pensar, como una fuerza de la naturaleza, y yo le busco las aplicaciones y cauces más convenientes por los que después se desarrolla.

Como su mayordomo muchas veces gestiono con ella la lista de clientes, citas y planificación, actividades y posibilidades. El día tiene unas horas limitadas y aunque a Ghalia le gustaría atender a todos los posibles también tiene que descansar, y a veces hay que recordárselo. No olvidemos que este trabajo es su pasión.

Pero en otras ocasiones son los clientes, que también tienen sus cosas. Trabajar de cara al público, a veces con completos desconocidos a horas intempestivas hace que siempre haya una discreta seguridad en el Dominio y también que se agradezca al cliente educado, correcto y que tiene sentido de la propiedad. ¿A qué me refiero?

En estos años de trabajo nos hemos encontrado de todo, desde clientes que tienen muy claro lo que quieren a otros que contactan sólo para hacer perder el tiempo y que no merecen llamarse clientes como tales.

Aseo Castigado

La sensación es buena: Ghalia está contenta de haber encontrado una buena clientela, gente que se siente comprendida bajo su dominio a la que ella regala su mejor don: su pasión por lo que hace. Los escucha, los recibe amigablemente y habla con ellos, y la actividad, la sesión, empieza progresivamente, Ghalia no les deja empezar hasta que ve que se relajan y se empiezan a encontrar a gusto, para llevarlos hasta donde ellos quieren estar: a sus pies, tranquilos, sumisos, humillados o simplemente haciéndoles disfrutar de su fetiche como ella sabe hacer.

Tratar de llegar hasta el deseo del cliente no siempre es fácil y por eso siempre se ordena que rellenen el formulario de clientes para que ella se haga a la idea de lo que quieren (que a veces no es lo que desean más profundamente y es donde ella quiere llegar, a tocar ese deseo y llevarlos hasta una cima de placer que no creían que estaba allí).

Luego están los otros clientes, los nerviosos, los que no se deciden y postergan la cita indefinidamente hasta que se les da un ultimátum: a fin de cuentas el tiempo es finito. Se les insta a volver a concertar la cita, pero con un compromiso por delante, porque de lo contrario es hacer perder el tiempo de la Diosa y eso es algo que ella detesta, pues siente que podría estar atendiendo los anhelos de algún otro sumiso.

Algunos clientes traen regalos, además del tributo, y tenéis que ver la alegría en la cara de Ghalia. Eso no tiene precio. Otros, en cambio, se quedan sin poder hablar en cuanto la ven (no exagero, ya habéis leído testimonios, como el de Aseo o el de Escoria) y sienten que han llegado donde tenían que llegar.

En el Dominio de Domina Ghalia nos podemos preciar de no haber tenido nunca ningún problema con ningún cliente. Todos respetuosos hasta el final, la gran mayoría con sus deseos satisfechos y con la sensación de salir de un rincón de libertad que es lo que ella proporciona.

Y tú, ¿quieres estar a sus pies alguna vez? Pues contacta con ella y reserva tu cita. No te arrepentirás. Verás que hay rincones de libertad como nunca soñaste.

 

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