Privación Sensorial en BDSM

fetiche de latex_opt

Una de las cosas que más de moda se han puesto (y que no es nada nuevo bajo el sol) en el mundo de la venta de artículos sexuales son los antifaces. Ya sea por los libros del tipo de la corbata gris (también se han puesto muy de moda estas corbatas como antifaces, para gustos…), o porque a los fabricantes les ha dado por ahí, lo cierto es que a muchas parejas que quieren «ir por el lado salvaje del sexo» se les ocurre que este punto de la privación sensorial, de uno de los sentidos predominantes en el ser humano, es excitante y novedoso para reactivar o aderezar su vida amorosa.

Es curioso que en el mundo del BDSM tanto profesional como más casero, la privación sensorial es un instrumento que tiene una dimensión más profunda: se emplea como juego y como castigo del sumiso.

Hay muchas variaciones, muchas formas de privación sensorial. Os enumero unas cuantas:

Las máscaras

privación sensorial

Lo confieso, soy fetichista de las máscaras de cuero. Y no me refiero a los tibios antifaces, que, para principiantes, no está mal, puede ser divertido, ni a los decorativos, taraceados, con formas de fantasía, que yo misma colecciono por mera estética. No. Me refiero pesadas máscaras integrales de cuero que cubren la cara completa del sumiso. En ellas puedes aislarle la boca, los oídos y la vista. Algunas son piezas elegantes y prácticas, otras, son pesadas, con tachones de metal que además añaden un componente de peso y sofoco a la privación sensorial a la que es sometido el sumiso.

 

 

Estas máscaras ayudan en prácticas que además de privarle de uno o varios sentidos (nada más divertido y malvado que ver cómo se encogen cuando no saben de dónde viene el fustazo; hoy me he levantado malvada, qué queréis que os diga), también añade un factor de despersonalización y transformación para el sumiso, sobre todo si hay otra domina, más gente presente o simplemente estoy trabajando también con su mente.

Por supuesto puede ser también un castigo, sin duda, para privarle del placer de mirar, de verme, de ver lo que se desarrolla a su alrededor… y eso para algunos es una agonía.

 

Momificación

También es una forma de privación sensorial muy potente. Añade un componente de responsabilidad extra, pues las sensaciones de sofocamiento y claustrofobia son comunes y los tiempos de exposición también influyen en esta práctica.
Personalmente lo suelo usar como una práctica de castigo e inmovilización forzosa, donde el sumiso es envuelto en plásticos (con aperturas para respirar, por supuesto), y donde, una vez inmovilizado, sin apenas sentidos a los que recurrir, puedo torturarlo dulcemente con roces, con privación total, en la que no sabe si estoy presente o no, haciéndole saber que me encuentro alrededor con mis pasos, o castigándolo con minutos de aislamiento total, donde la mente del sumiso viaja por su cuenta a sus propias oscuridades y fantasías.

momificación con privación sensorial

Privación parcial

Algunos gustan de privaciones parciales. Por ejemplo, solo la cabeza, y donde yo controlo además, lo que tardo en dejarles respirar, creando las aberturas necesarias para ello, en una delicada, calculada y precisa agonía que junta la privación con la asfixia más o menos erótica, dependiendo de mis intenciones y de las prácticas pactadas, por supuesto.

Camas de vacío

Adoro el látex, no es ningún secreto. Y estos artefactos permiten meter a un sumiso en él y prácticamente sellarlo al vacío. Algunas permiten aperturas calculadas, más allá de la respiración, para que la dominante se pueda entretener. Ni que decir tiene que las sensaciones de aislamiento y privación sensorial en este caso son extremadamente potentes y profundas.

De lo que me he dado cuenta, tras estos años de prácticas, es de que la privación sensorial es un componente que tiene dos fases muy importantes: la privación, donde el sumiso experimenta lo que es estar aislado, la sorpresa de ser manipulado, tocado, castigado, sin poder defenderse y que supone una entrega de confianza total, y la liberación, donde, al retirar dicha privación sensorial, el sumiso se ve de nuevo traído a mundo consciente, agradecido, rescatado, y en muchos he visto (y es algo que me encanta y emociona), una gratitud por la confianza depositada en mí, en mi trabajo y mi dedicación.