BDSM como liberación: cuando la salida está en la entrega.

Ghalia Piernas Látex

Llevo días dándole vueltas y comentándolo con Steward, mi mayordomo.

Muchos sumisos que llegan hasta mi puerta lo hacen arrastrados por sus fantasías, por su deseo de conocer, experimentar y sentir. No son pocos los que contactan y mencionan necesidades, cosas que siempre han querido hacer pero su vida diaria, la ausencia de una pareja que comparta la afición o la perversión (la llamo así, pero no es más que un gusto alternativo por alguna práctica concreta, «perversa» a ojos de la sociedad más vainilla), o un deseo o fantasía arrastrado durante largo tiempo. Algunos traen una lista muy concreta de lo que quieren, con su número de azotes, con una vestimenta o unas palabras que usar en particular. A veces entran, tímidos, depositan el tributo y esperan instrucciones. Otras veces llegan prácticamente metidos en el rol o con unas prácticas pactadas y consensuadas (todo lo que se hace en mi mazmorra lo es), y esperan el cumplimiento de esa fantasía punto por punto.

Sin embargo hay otro rango de personas que, tras contactar conmigo sé, por el tono, por las palabras, por la ausencia de ciertos rasgos que identifican a los más amateurs, que están curtidos en el BDSM. Y mi intuición, tras varios años, rara vez me falla.

Este género de sumiso es el que encuentra una liberación en el BDSM. Son gente con muchas responsabilidades en su día a día, con trabajos o entornos muy exigentes hacia él, con grandes tomas de decisiones, liderazgo, viajes continuos a lo largo y ancho de muchos países. Algunos apenas hablan español, pero he aprendido a comunicarme con ellos.

Estos sumisos en concreto son los que se refugian durante el tiempo de la sesión en lo más profundo del BDSM. Se entregan con pasión, usualmente tienen mucha experiencia y por conversaciones o charlas, tanto por mi pie como por mediación y traducción de Steward, me doy cuenta de que esa es su válvula de escape, que necesitan experimentar dolor, humillación, sumisión y entrega para dejar de ser los que se responsabilizan de todo y de todos, para, por un momento, sólo sentir y encontrar un rincón de libertad a mis pies.

Cada cual tiene sus necesidades, muchos de ellos me dejan obrar a mi antojo y ponen muy pocas trabas o límites en las prácticas: quieren experimentar con profundidad, ya los deje en una jaula de castigo y con total privación sensorial, ya les propine un castigo largo, intenso, medido, que los ponga a prueba (siempre leyendo sus cuerpos y controlando su respiración, la piel, la tensión de sus músculos: a muchos se les olvida usar la palabra de seguridad, y eso hay que saberlo).

Es este género de sumiso uno de los que más me gustan por su entrega, porque me permite, con pocas pistas, asomarme a su mundo, un mundo exigente, complejo, y me deja ayudarles dándoles una válvula de escape a través del BDSM, a través de mi dominación, para que a mis pies encuentren el rincón de libertad que tanto ansían, que los renueve y les dé fuerzas para seguir un día más, una semana más.

Domina Ghalia siempre les esperará.

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