Testimonio del sumiso Lili, humillado por dos dominas.

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Dos diosas para un sumiso

Ha transcurrido algún mes. Este humilde sumiso tuvo la suerte de poderse postrar no ante una, sino ante dos Diosas sin igual.

Conocía ya a mi Diosa Daery. Y en eso que, Diosa Ghalia anunciaba una visita de unos días a los dominios de Daery. Dudas, miedo, emoción… Finalmente di el paso de concertar una sesión con ambas.

Llego a la mazmorra. Diosa Daery me recibe. Sentada en su trono veo que está Diosa Ghalia. Tenía ganas de verla en persona y poder postrarme a sus pies, y allí estaba. Impecable, estricta, sensual. Impresionante. Impresionantes ambas dos.

Mi Diosa me indica que me desnude y que me sitúe en posición de súplica ante la nueva Diosa que acabo de conocer. Y así lo hago. A cuatro patas bajo la cabeza hasta sus pies. Por detrás, Daery, hace que separe mis piernas y, así, aprovecha mi posición para golpear y luego estrujar mis testículos.

Luego me lleva aparte. Me ordena ir con ella. Vamos a un apartado. Hay lencería femenina, medias, tanga, corsé, guantes… y una peluca. Me ordena que me vista con ello. Y después me indica que tengo que salir de ese cuarto convertido en una zorra. Que va a poner música y que yo me tengo que ir moviendo por el suelo, bailando de manera sensual, provocativa, mientras me acerco al trono de Diosa Ghalia y sin quitar mi mirada de ella, mientras me voy quitando la ropa prenda a prenda.

Me muero de vergüenza solo de pensarlo. Pero empiezo a hacerlo, a bailar de manera tímida. La música me va envolviendo. La mirada de las dos Diosas está pendiente de mí. Poco a poco voy perdiendo la vergüenza y va saliendo la zorra que llevo dentro. Cada vez más sensual. Cada vez más nerviosa y excitada. Hasta quedar desnuda frente a ella.

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Entonces veo cómo se sitúa un strap-on en su cintura. Me ordena que bese sus pies y lo hago. Adoro sus tacones, sus zapatos. Los lamo con mi lengua. Y subo lamiendo por sus medias hasta el strap, mientras que, detrás de mí, mi Diosa Daery castiga mis nalgas con la fusta, estruja mis testículos con sus manos.

El dildo entra en mi boca. Lo saboreo. Y Diosa Ghalia me obliga a mirarla mientras lo hago, a sostener su mirada. Al mismo tiempo algo roza mi ano. Una sensación fría y una sospecha. Dios mío, no estoy muy entrenada por ahí, no sé si lo podré resistir. Y así, el dildo de Diosa Daery me sodomiza. Gracias Diosa Daery.

Pierdo la noción del tiempo.

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Un rato después me ordenan que me tumbe boca arriba. Diosa Ghalia sentada en su trono continúa obligándome a chupar el dildo de su strap. La escena que ofrece a este sumiso es sublime. Gracias Diosa Ghalia.

Minutos después, mi excitación es tremenda. También me siento extenuada, agotada. Ambas diosas se sitúan en mis laterales y me obligan a masturbarme y a parar cuando ellas consideran. Ellas se ríen. Estoy completamente humillada y, al mismo tiempo, a punto de explotar. Pero aún no tengo permiso para correrme. Aguanto como puedo. Ellas comentan las palpitaciones de mi miembro entre risas. Agarran mis testículos. Me ordenan un número de masturbaciones. Cada vez más. Ahora lento, ahora rápido. Y así, cuando finalmente me dan su permiso dejo que mi líquido escape de mi cuerpo mientras les doy las gracias. Y me siento sucia. Y me siento suya. Y me siento en paz con mi cuerpo…

Por suerte mi Diosa Daery aquí sigue y, cada tanto, me sigue acogiendo en sus dominios. Queda esperar nuevas visitas de Diosa Ghalia…

Sumiso Lili