BDSM y la salud mental

Domina Ghalia y sumiso

En otro post ya hablamos de la salud y el BDSM, defendiéndolo en el seno de la pareja.

Pero en esta ocasión me vais a permitir una reflexión que llevo un tiempo mascando y que ahora me apetece compartir, sobre todo, después de hablarlo con Steward, mi mayordomo, que también aporta su propia visión, matizada por sus años de experiencia en este mundo de cuero y cadenas donde una puede encontrar a veces la libertad.

No es la primera vez que un sumiso, esclavo, o cualquiera que sea la denominación de la parte que decide someterse a mi dominio decide «darse un tiempo», alejado del mundo BDSM porque «no es lo que esperaba», «no se siente bien», «necesita otra cosa, necesita más»… mil excusas que me han llegado por mail, whatsapp y otras formas, y que siempre miro con una sonrisa triste. Siempre me apena que un buen sumiso se aleje, pero aun me entristece más ver la confusión anidar en otros.

Muchos dicen que es demasiado intenso. Otros que es algo que necesitan pero no pueden compaginar con su vida diaria y necesitan más pero que no pueden asumirlo. Ya sea económica o emocionalmente. Económica, porque se tienen que pagar las sesiones. Lógico. Emocionalmente… bueno, yo no engaño a nadie, ninguna profesional (o quien opte al título de profesional sensata) engaña o manipula emocionalmente a un sumiso para que se entregue más o le hace creer lo que no es. El BDSM profesional es una práctica en la que se recrea una fantasía de dominación/sumisión entre dos personas adultas y conscientes de lo que están haciendo.

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Y es este último punto, el de consciente, el que arrastra consigo la palabra «responsabilidad» y «sensatez». Cuando uno se está entregando mucho a la práctica con una profesional y no puede gestionarlo emocionalmente, es natural dar un paso atrás. Y la dominante puede ayudar, puede proponer y hablar de qué es lo que ocurre y lo que sucede y sus soluciones. Pero en el momento en que una de las partes recoge airadamente sus cosas, se saca el plug del culo, se levanta y se va, es que hay algo que no funciona.

Es algo en el interior de esa persona (y pasa más de lo que se cree, preguntad a otras dominas que gusten hablar del tema, tanto profesionales como dominas en la intimidad) que se ha torcido. Y empiezan a pensar cosas raras. Entre otras que tienen un trastorno que debe ser tratado.

Me comenta Steward que parece saber de lo que habla que la psiquiatría, que se guía por el DSM 5 (Disagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Manual de desórdenes mentales y estadísticas, quinta edición), a través de esta última edición ha «despatologizado» el BDSM como una parafilia, catalogándolo simplemente como un interés sexual inusual aquí. Algunos han dicho que tienen que someterse a tratamiento, que tienen que ir al psicólogo o al psiquiatra para «curarse»o «resolver su adicción» al BDSM. Como todo lo que tiene que ver con la personalidad, los gustos y las decisiones, no voy a entrar en materia de juzgar nada. No soy quien. Soy una diosa todopoderosa en mi mazmorra, pero fuera soy una persona, humana, con mis opiniones que guardo para mí. Pero sí os confieso una cosa: la gente que opta por esa decisión me da una profunda pena. Porque tienen algo que resolver. Porque sin el BDSM, que les ha complementado en su vida hasta ese momento, se van a sentir como muñecos rotos, les va a faltar algo que van a intentar suplir con tratamientos extraños, fármacos y horas y horas de terapia.

Ser sumiso o dominante, desear y pensar en ello, dedicarse al BDSM NO es una enfermedad, ni una parafilia. Es simplemente un deseo muy interiorizado canalizado de la forma correcta en el canal más adecuado para ello No tiene nada de malo; lo malo siempre es la obsesión con ello. Todo en su justa medida y bien gestionado es bueno para el alma de cada cual, pero no podemos hacer que el mundo gire hacia donde nosotros queramos. Y el BDSM aún conserva su cualidad underground, de secretismo, donde, en las sombras de una mazmorra, se está siempre mejor y más cómodo que al aire libre. Consideradlo: el BDSM puede ser una pasión, pero, como todo, debe racionalizarse. Nada es bueno en exceso. Ni el BDSM, ni el fútbol, ni cualquier otra afición por profundo que se sienta.

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Los más atrevidos, quizás, lo lleven a cabo en su vida, propongan 24/7, intercambios totales de poder, pero siempre acabará siendo en un entorno controlado.

En definitiva, mis cachorritos y lamebotas, si necesitáis aliento, os lo doy: el BDSM está bien, es incluso sano. Interpretar mal las cosas, no hablar con las partes, el prejuicio y el mal deseo, la obsesión, eso es lo dañino y a lo que hay que poner remedio.

Saludos a todos, y azotes malvados. 😉

2 comentarios sobre “BDSM y la salud mental

  1. En respuesta al cabildeo por parte de los grupos de BDSM que señalaron la ausencia de pruebas que apoyen la patologización del sadismo y el masoquismo, la APA dio un paso hacia la desmedicalización de SM (Moser y Kleinplatz, 2005). La definición actual en el DSM-IV-TR articula la clasificación de «desorden» en la presencia de angustia o comportamientos no consensuales2 (APA, 2000). Los borradores del próximo DSM disponible en la Web enfatizan que las parafilias (un término amplio que incluye los intereses de SM) «no son trastornos psiquiátricos ipso facto» (APA, 2010).

    La desmedicalización elimina una importante barrera para la creación de campañas de divulgación, educación, anti-estigma y servicios humanos.

    1. Sin duda la actualización del DSM V, tan necesaria para los que gustamos de transitar estos páramos que son los del cuero y la cadena, es una noticia a acoger con entusiasmo, tal como se dice en el post, ya que por fin se dejará (cuando menos desde la perspectiva estricta) de malcalificar estas tendencias personales como una dolencia, prácticamente, y siempre bajo el paraguas del consenso y la acatación por parte de adultos consecuentes.

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