Hitachi: la tortura de la provocación

hitachi en el bdsm

Un poco de historia.

Lo que hoy conocemos como Hitachi es un aparato surgido en 1.968 de manos de una empresa que lo quería comercializar como un masajeador de espalda. De ahí su forma y su potencia. Sí, sí, masajeador de espalda. No fue hasta 1.970 que la famosa educadora sexual Betty Dodson lo idealizó como el perfecto acompañante de la masturbación femenina.

Tras muchos cambios y sucesores, el Hitachi entró a formar parte de los juguetes sexuales de gran número de prácticas y complementado con gran cantidad de accesorios para múltiples funciones, desde orgasmos en punto G hasta anales.

El Hitachi es una inversión segura. Tiene una forma inconfundible, un largo eje vibrador y la gran cabeza vibradora que se va afinando más en sus materiales con el tiempo, destacando acatualmente los de silicona de grado médico.

El Hitachi en el BDSM

Dentro de las prácticas del BDSM el Hitachi es un seguro aliado de la parte dominante. Dado que su objetivo es la búsqueda del orgasmo usarlo para torturar a la parte sumisa con sucesivas denegaciones, aguante «in the edge» al límite y sin permiso para culminar, es realmente satisfactorio, mientras ves cómo suplica por poder acabar.
Despertar sensaciones con la vibración, atarlo a un muslo directamente en contacto con el sexo y combinarlo con sesiones de dolor por azotes con fusta o flogger es una delicia malvada que ayuda a someter más la voluntad del sumiso que tiene que concentrarse, en un desafío, en obedecer, mantener a raya sus sensaciones y a la vez soportar el castigo que inflinge tanto los azotes como la vibración.

Y es que el Hitachi también puede usarse para dormir alguna sección del cuerpo con la que jugar posteriormente con más prácticas.

Algunos modelos son incluso impermeables y recubiertos de silicona de calidad médica que permiten sumergirlos y seguir los juegos en numerosos ambientes, haciéndolos enormemente resistentes.

En mi mazmorra es uno de los juguetes preferidos para las distintas prácticas y que suelen llevar a largas sesiones de control de orgasmo, denegación, sumisión y verdadera devoción, puesto que si no observo respeto y esa devoción intrínseca, puedo negar esa recompensa hasta que de verdad implores a mis pies.