Testimonio de un cornudo 2

cornudo censurado

CAVILACIONES DEL SUMISO CORNUDO -ACTO II-

“He traído a la puta de tu novia. Acabo de ganar mucho dinero con ella. No ha parado de follar y de comer pollas”
Diosa Ghalia te observa conteniendo la risa.
Acaba de anunciar con voz serena y tranquila que eres un cornudo y que acaba de emputecer a tu novia.
Ella sabe que acaba de destruir la última barrera que soportaba tu hombría.
Su mirada y su sonrisa hieren infinitamente más que un millón de insultos. Te acaba de humillar profundamente sin pestañear y modulando sus palabras como una caricia en tu mejilla.
Le devuelves la mirada, visiblemente humillado, sin palabras y con la polla dura como nunca.
Tu Diosa Ghalia se ríe. Sabe lo que piensas, conoce el momento que estás viviendo, y lo disfruta abiertamente. Tú Diosa no deja nada al azar. Ha planificado ese momento y ahora contempla lo insignificante que te sientes.
“¿No te da vergüenza lo dura que tienes la polla después de escuchar lo que acaba de hacer tu novia?  ¿Tienes algo que decir?” te pregunta tu Diosa Ghalia, mirando burlonamente tu entrepierna.
La humillación es tan sublime que brota líquido pre seminal de tu glande, cuya cabeza late con fuerza y se yergue rítmicamente con pequeñas contracciones que escapan a tu control.
El silencio y los latidos de tu pene inundan todo el espacio, y te suman en un trance que dilata el tiempo en un lapso infinito.
Una bofetada firme y sonora desencaja tu mandíbula liberándote del hechizo y despertando tu mente de vuelta a la realidad.
“Por supuesto que no tienes nada que decir. Tu polla habla por ti. Eres un puto cornudo y tu novia una ramera. Y no puedes hacer absolutamente NADA para evitarlo. Ahora ya SABES que tu novia es mi puta, y que tú también eres mi zorra.”
La sentencia resuena en tu cabeza. Tu mente lucha por rebelarse, retorciéndose en un estertor.
El hombre que eras ya no existe.
Tu Diosa acaba de extirpar quirúrgicamente el macho que había en ti.
Lo ha borrado de un plumazo con tu consentimiento, con tu aquiescencia, con tu silencio y con el fluido que mana de tu polla inhiesta.
El que calla otorga. NO PUEDES NEGARLO.
 No hay vuelta atrás. Bajas la mirada, humillado mientras un extraño e inverosímil placer recorre tu cuerpo.
“Asi me gusta, putita. Calladita. Ahora lame mis pies” ordena tu Diosa.
Te postras ante tu Diosa y no dudas en lamer delicadamente sus dedos, su empeine, procurando a tu Diosa el máximo placer que tu lengua puede ofrecerle. Ejecutando fiel y exactamente su orden.
En realidad, estás sellando con saliva tu sumisión absoluta a tu ÚNICA Y VERDADERA DIOSA.
Un pacto sagrado que te une a ella para siempre.
Nadie te ha forzado. Pudieras pensar, en un primer momento, que tú Diosa ha violado tu mente y ha forzado tu voluntad, en un vano intento de huir de la realidad, de mantenerte ajeno a lo que está sucediendo, negando tu implicación.
Sin embargo, mientras lames los pies de tu Diosa, vas siendo consciente de que ella no te ha forzado a nada; solo ha liberado tu mente de su cárcel de prejuicios y sentimientos reprimidos.
 ELLA te otorga ese íntimo momento , para que en comunión con tu Diosa, te reconcilies con el mundo, y contigo mismo, asistiendo al renacimiento de tu verdadero yo.
 La realidad cobra un nuevo sentido y se dibuja con colores que jamás habías visto ni imaginado.
Obedecer y complacer a tu diosa son directrices que quedan grabadas a fuego en tu alma, reescribiendo todo un inédito código de comportamiento.
Tu NUEVO SER encuentra el sentido de su existencia: devoción a su Diosa y obediencia ciega.
La bruma de dudas que te impedía ver se disipa, y un nuevo sol ilumina tu sino.
Tu diosa te agarra por el mentón y te obliga a mirarla. En sus ojos reconoces una mutua comprensión.
Ambos sabéis que el pacto se ha sellado y ella mira, casi con amor, a su nueva criatura.
Su nuevo hijo renacido de la oscuridad.
Ambos os pertenecéis el uno a el otro de una forma tan inexplicablemente íntima, verdadera y secreta que nadie podrá arrebataros eso jamás.
Sin necesidad de palabras abres la boca. Tú diosa te bautiza en tu nuevo credo, dejando caer un hilo plateado de pura luz.
Saboreas el momento, y su deliciosa esencia. No puedes imaginar un néctar más sublime, mientras puedes sentir como la conversión a tu nueva religión, inunda cada recoveco de tu mente.
ERES SU SUMISO.
“Ya estás listo para ver a la puta de tu novia y a uno de sus amantes, CORNUDO CONSENTIDO”
Continuará…
cornudo

Un comentario sobre “Testimonio de un cornudo 2

  1. espectacular el texto, me encantaría ser una de sus putitas y sentirme utilizado de esa manera, sería todo un placer y un orgullo. A sus pies Señora!!!!

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