Testimonio de un Cornudo 3

Estudio Ghalia BDSM Benalmádena

Cavilaciones de un sumiso cornudo -ACTO III-

“Pasa puta que tu novio vea cómo te has vestido” ordena Diosa Ghalia a mi novia.
No doy crédito a la escena que aparece ante mis ojos.
Diosa Ghalia  tira con elegancia de una cadena metálica unida a un collar, en el cuello de una chica, que la sigue gateando a 4 patas.
La chica balancea a cuatro patas unas tetas al descubierto que me resultan familiares.
Lleva una especie de tanga de cuero con una abertura en la zona del pubis. Se expone totalmente un coñito perfectamente rasurado y jugoso. Sus manos lucen anillos de plata y las uñas están perfectamente pintadas. Viste altos tacones de cuero negro brillante, que arrastra por el suelo de la mazmorra siguiendo a Diosa Ghalia.
La Domina la coloca a cuatro patas frente frente a mi cara, mientras permanezco también en la misma postura mirando hacia ella.
“Echale el aliento en la nariz al cornudo, a ver si adivina qué has estado haciendo”.
La chica, que se parece a mi novia, pero que viste como una autentica puta, sonríe, y obedece a Diosa Ghalia, que tira de la cadena para que acerque sus fauces abiertas a mi cara.
Una brisa dulzona azota mi nariz; no hay duda que en esa boca ha descargado recientemente alguna polla toda su leche.
Su boca apesta a lefa, y puedo apreciar incluso el rímel de su cara corrido, presumiblemente por ser forzada a tragar con arcadas un pene de gran calibre.
Mi polla se mantiene dura como una roca, mientras sufro la humillación olfativa.
“Has olido el pestazo a pollón que trae tu novia? Bésala cornudo y saborea el rabo que se la ha follado”
Mi Diosa aprieta mi cabeza acercándola a la boca de mi novia, que saca la lengua lascivamente, buscando la mía.
Es un beso sucio; su lengua recorre mi boca buscando mancillar cada rincón con su sabor a leche recién ordeñada.
 El contacto es apasionado, largo y lento, y va empapando mis papilas con su inmundo jugo seminal.
Diosa Ghalia interrumpe el momento tirando de mi pelo hacia atrás.
“Ya veo que te gusta el saborcito que trae tu novia. Quietos los dos a cuatro patas”
Majestuosamente Doña Ghalia se gira sobre sus tacones, que se alejan con un elegante repiqueteo que va atenuándose tras atravesar una puerta próxima.
He sido abandonado  mirando a cuatro patas a mi novia, que me mira directamente a los ojos, sonriendo desafiante. Estoy paralizado, humillado y tremendamente excitado. Soy incapaz de reprocharle a mi novia nada; de hecho no puedo siquiera hablar de lo sofocado y ultrajado que me siento.
Acabo de besar a mi novia sabiendo perfectamente que ha chupado una polla que no es la mía y que se han corrido en su boca no hace mucho.
Su mirada lanza un resumido y claro mensaje sin palabras: Eres un cornudo y lo sabes. No hay vuelta atrás.
Antes que pueda entretenerme a pensar más, escucho los tacones de mi Diosa acercarse de nuevo.
Atraviesa la puerta y la sigue un hombre joven y musculoso de unos 30 años. Es un cuerpo trabajado en el gimnasio que marca abdominales y unos músculos fibrados y con cierto volumen.
El misterioso mercenario, sigue a mi diosa al ritmo de sus tacones mientras ella lo guía desde delante, agarrando su polla con su mano izquierda.
Ambos se detienen entre mi novia y yo. Mi ama me mira con desdén desde las alturas. Sabe que la presencia de ese atleta con enorme mandoble me empequeñece aún más, ridiculizando mis atributos.
A esa distancia puedo apreciar perfectamente que el chico calza una polla descomunal.
Está morcillona en la mano de mi ama y, pese a eso, puede medir perfectamente unos 20 centímetros.
Mi señora acerca ese enorme rabo a mi cara y lo menea muy lentamente.
“Has visto que pollón cornudo? Esto es una verga de verdad y no lo que tú tienes. Por eso tu novia no ha tenido más remedio que dejarse follar como una buscona facilona.
Ahora quiero que seas un buen cornudo y pongas este pollón bien duro con tu manita, sin rechistar, mientras tu novia te mira”
Mi diosa agarra mi mano y la acerca a ese enorme trozo de carne.
No puedo cerrar completamente mis dedos alrededor del formidable cilindro de carne, aunque si puedo constatar como palpita al ritmo de un torrente de sangre que parece estar llenando esa monstruosidad.
Haría falta un garrafa de plasma sanguíneo  para colmar semejante badajo.
Mi diosa, menea su mano encima de la mía, marcando el ritmo de una paja lenta pero firme.
Puedo notar como ese pollón se hincha mas y más,  marcando unas venas enormes e inverosímiles a lo largo de ese inmenso tronco leñoso.
Un finisimo prepucio, aparece y desaparece con la cadencia del movimiento de mi muñeca. El pellejo, casi transparente, cubre, y apenas contiene, un colosal glande, congestionado y brillante.
La cabeza del ariete es como seis veces más grande que el capullo de mi polla en su mejor momento.
Parece la campana de una iglesia a punto de despertar una ciudad entera.
Mi  Diosa retira su mano, dejándome el trabajo en exclusiva de pajear ese cimbrel, que se asemeja más a un brazo con su puño que a cualquier polla que haya podido ver.
Su dureza, longitud y circunferencia son insólitos y excepcionales.
Estoy pajeando un miembro de caballo bajo la atenta mirada de mi ama y mi novia, que en silencio admiran el espectáculo.
Mi novia se muerde los labios y traga saliva. Su respiración se convierte en jadeo.
“Está caliente como una perra y tú no tienes nada que ver en eso”.
No puede apartar sus ojos de esa grandiosa verga de megafucker.
“Suplícame meter esa polla en la boca de tu novia como un cornudo mamporrero de mierda. Quiero oírlo” dispone mi ama.
No puedo desobedecer la orden, y suplico a mi Diosa desde el suelo clavar ese pollón en la boca de la guarra de mi novia.
Es tan tan denigrante….
“Mete su polla en su boca, mamporrero” concede finalmente Diosa Ghalia tras oír mi súplica.
Guío con mi mano, ese inmenso  pollón de proporciones equinas hacia la boca de mi novia, que con dificultad apenas puede alojar el grueso glande en su boca.
“Ves lo que le cuesta meterse solamente la cabeza en la boca cornudo?” manifiesta mi diosa mientras estalla en carcajadas y ayuda a mi novia a tragar, metiendo dos dedos en las comisuras de sus labios, estirándolos hacia afuera para aumentar su capacidad.
Mi novia me mira fijamente a los ojos, presa de una desconocida libido, mientras mama polla gorda a un ritmo cada vez más rápido y profundo.
Unos lagrimones enormes brotan de sus ojos mientras traga parte de esos 25 centímetros de puro acero.
Su mirada es una mezcla de desafío, y desprecio hacia mí, mientras engulle esa enorme polla con mi consentimiento.
“Sácate la polla de la boca y besa al cornudo de tu novio, fulana” ordena nuestra ama.
Mi novia obedece y la saca con desgana de su boca; resuella unos segundos cogiendo aire, agitada.
Una vez recuperada, puedo observar dos surcos de lágrimas que recorren su rostro, y atestiguan el castigo sometido por ese tremendo ariete en tan breve espacio de tiempo.
Sin embargo en su mirada se reaviva una  obscena lujuria, como una llama impúdica azotada por un vendaval de lascivia.
La mujer que amo,  clava sus ojos en mí, mientras menea esa mole  a escasos centímetros de mi cara; sonríe con maldad y me espeta:
“Ya has oído cabron, bésame y saborea la polla que está mamando la furcia de tu novia. Esto es un hombre de verdad con una polla de verdad. Entérate bien, cornudo
Diosa Ghalia asiente satisfecha por la declaración de su pupila, mientras contempla como nos besamos en una espiral de desenfreno inmoral.
Posa sus delicadas manos elegantemente sobre nuestras cabezas, como haría una madre con sus traviesos hijos.
“Chúpale los huevos al macho mientras tu novia sigue mamando polla, cornudo” ordena la Diosa.
Su tono es suave, y aterciopelado, casi amable; pese a que las degradaciones ideadas en la mente de tu domina,  y que fluyen por su boca, parecen no tener límite.
Es un contraste que solo es capaz de crear una verdadera DOMINA.
Mientras lames como un perro sumiso los enormes cojones del macho, que folla sin piedad la boca de tu novia, notas como tú Diosa clava sus dedos en tu ojete, dilatándolo con una facilidad pasmosa.
Sus dedos atraviesan tu ano como si se fuera mantequilla sin necesidad de aplicar lubricante. Y eso sucede por un motivo que tú Diosa y tú conocéis perfectamente: te sientes tan cachondamente libertino, que te cabe el Titanic derrapando por ese culito de cornudo.
“Ahora la zorra a cuatro patas; y tu cornudo, clávale ese pollón de semental a tu novia” ordena la Diosa
Sin demora, clavas ese inmenso y férreo trozo de carne de verraco en el coño de tu novia, que chorrea como jamás has visto.
Ríos de flujo caen por la piernas de esa ramera, que se abandona a un furor uterino desmedido con los ojos en blanco.
“Clávamela entera cornudo de mierda” dice tu novia fuera de sí, mientras gime como una perra en celo y sus ojos parecen salirse de sus órbitas.
La imagen es esperpéntica.
Con la boca abierta observas como los 25 centímetros de vigorosa polla de macho alfa están completamente clavados hasta los cojones; su verga ha sido enterrada hasta lo más profundo de las entrañas de la mujer que quieres, por tu propia mano.
Difícilmente se puede ser un cornudo más sumiso, subyugado y dócil.
Tu novia se retuerce de placer y la bestia parda comienza a orquestar la banda sonora de tus cuernos.
 El sonido de los cojones de ese animal embistiendo a tu amor, empieza a resonar con fuerza y cada vez más cadencia.
Esta follandola tan tan duro que parece que la va a desmontar. Parece imposible que tu novia pueda encajar tantísima potencia en su cuerpo.
Cuando tu novia empieza a aullar de placer, notas como algo grueso comienza a penetrar tu ojete.
En un espejo lateral puedes observar como tu diosa te agarra con firmeza de las caderas mientras te clava un consolador de gran tamaño en el culo.
“¿¡Te gusta puta!? ¿Te gusta que te folle el culo mientras miras como un hombre de verdad revienta a tu novia en tu puta cara de cornudo?” te increpa tu Diosa Ghalia en un alarido, mientras azota tus glúteos con fuerza, sometiéndote sin tregua ni descanso.
Tu Diosa, se deja llevar, y te clava su cipote hasta el fondo. Puedes sentir su pubis haciendo tope contra tus glúteos, mientras arremete su strapon con tanta rabia que parece que le debieras una fortuna.
Por un momento puedes vislumbrar un rictus de diabólico placer en el rostro de tu ama.
 Tú Diosa aprieta los dientes con iracunda cólera dibujando una perversa sonrisa, más propia de un demonio súcubo de la noche más oscura y pérfida.
 Sus furiosos movimientos, hacen añicos, con cada estocada, la poca hombría que te quedaba.
 Un huracán de placer casi insoportable abrasa tu recto, que hierve bajo el martilleo incesante y durísimo que aplica tu Ama, extendiéndose por todo tu cuerpo.
Eres su puta y te encanta.
Tu novia y tú rivalizáis en gemidos de placer cada vez más clamorosos. Ambos sois embestidos sin piedad con una crudeza impúdica bestial.
Dos furcias ensartadas gimoteando como trofeos de caza.
Cuándo crees que no te queda nada más que ver o sentir, tu Diosa vuelve a dar otro golpe de tuerca…
Continuará…

3 comentarios sobre “Testimonio de un Cornudo 3

  1. Dios mío es usted impresionante mi diosa. Me encantaría estar en esa situación, pero a ver cómo pongo a mi pareja ahí. Me enloquecería poder estar bajo sus pies de nuevo mi diosa, sueño con usted constantemente y este relato me va a dejar sin dormir!!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.