El BDSM es bueno para la salud

Bueno, no lo digo yo, lo dicen varios artículos.

Datos BDSM
Extracto en referencia al estudio de la Universidad Estatal de Idaho

Afirma el artículo que comenta una investigación de la Estatal de Idaho que los practicantes de BDSM obtienen bienestar psicológico, cosa que ya habíamos comentado en este espacio antes.

En este caso se apoyan en una entrevista a 935 personas que forman el universo de la entrevista entre cuyas respuestas se destaca la sensación de libertad y reafirmación que les produce el BDSM en su práctica.

Ciertamente hasta hace poco el BDSM se contemplaba desde una perspectiva de parafilia registrada en el DSM-IV (manual, digamos, de enfermedades y trastornos mentales, por simplificar), que el V descartó. Pero no es el caso de la mente colectiva y de la imagen que hay en la mayor parte de la sociedad.

Aunque parte del encanto del BDSM es su componente Underground, también es cierto que no es que esté mal visto, que lo está, es que está malentendido muchas veces, además de contaminado, como no, por las noticias que aplican etiquetas bedesemeras siempre que haya posibilidad con tintes negativos para marginalizarlo más. Ya se sabe, somos un hatajo de pervertidos sin cura, ni patria ni dios. Pero es que el BDSM bien entendido es una forma de ver el mundo, de vivirlo, de sentirlo, que la sociedad nunca aceptará. Tampoco necesitamos que lo hagan, quizás con que nos dejen a nuestro aire sea suficiente. No necesitamos de esa aprobación, y menos en un país como este donde el componente moral católico está tan presente con su eterna censura, incluso entre gente no creyente (cosas de crecer y criarse en ese entorno).

Por más que recomendemos lecturas, por más que intentemos explicarlo, no dejan de haber miradas de recelo, desconfianza o prejuicio. Bueno, que las hayan. Esa será nuestra alfombra.

Sin embargo, aunque ha habido cierto aperturismo por un tema de modas y literatura (no hace falta recurrir a E. L. James y las 50, podemos, por ejemplo, mencionar a Lena Valenti y su saga de «Amos y mazmorras», un tanto perturbada y malentendida igualmente), ahora se puede mencionar un poco más el tema del BDSM. Pero en su conepto underground también sigue siendo utilizado como herramienta para la provocación. Solo hay que ver las noticias de la presentación del libro de Till Lindermann, cantante de Rammstein, o el próximo grupo islandés que aparecerá en Eurovisión que afirman ser un «grupo de BDSM Industrial», sea lo que sea eso.

El BDSM sigue y seguirá siendo, para los que vivimos en él, un lugar de paz y tranquilidad, de provocación y de diversión, de excitación y de autoexpresión que siempre estará en conflicto con un mundo hipócrita y prejuicioso y al que disfrutaremos enseñando los dientes y chasqueando látigos. Porque puestos a malentendernos, al menos divirtámonos.

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