Cómo usar la fusta en tu relación BDSM (o entrenenimiento de cama)

La fusta, como ya hemos hablado, es ese elemento que trae de inmediato a la mente el BDSM y escenas fetish, repletas de excitación, y puede que de dolor. Pero la fusta puede ser un gran complemento, ya sea en una relación BDSM casera, principiante o más avanzada, o incluso como un entretenimiento de cama.

A la fusta le podemos conceder que es una herramienta polivalente, que puede permitir llevar a cabo diversas y divertidas actividades.

Seducción

Cuando usas una fusta, ya sea de palmeta, lazo o lengüeta, jugar con ella en determinadas partes sobre todo con tu pareja o sumiso con los ojos vendados permite dirigirlo hacia donde tú quieras. Los leves toques sobre la piel o los labios, el sabor y el olor del cuero o la piel llaman a seducir a la pareja. La inmovilización, la privación sensorial y alternar toques suaves y caricias con algún caprichoso fustazo medido mientras se susurran palabras malvadas al oído son juegos divertidos y que llevan a escenas de seducción.
No, esto no lo ha inventado E.L. James ni Gray.

Excitación y erotismo

Aumentamos de nivel, y aquí la fusta se vuelve más malvada. Empieza a jugar en zonas más sensibles, toca pezones, genitales, lengua y labios, y se desliza malignamente por la espalda. Algunos fustazos empiezan a calentar los glúteos o los muslos, puede que incluso las manos o las plantas de los pies, provocando ese picor y calor deliciosos que harán que quiera más. Entonces es cuando le puedes obligar a contar, alternando los lugares donde aplicas la fusta.
Hay que tener en cuenta que ésta tendrá más o menos impacto en función del modelo, ya que una de palmeta golpea en plano, la de lengüeta -para mí, la mejor- permite regular muy bien la presión y el golpe, controlando perfectamente el efecto, mientras que la de lazo o lengüeta cerrada suele ser más blanda.
En el juego de la excitación y el erotismo la fusta es una extensión del brazo y de la mano. Permite castigar suavemente, torturar alegremente y suponer una herramienta que te haga llevar a tu sumiso hasta donde tú quieres, aumentando su deseo.

Castigo

Aquí la fusta deja de ser amable y se prepara para morder. La fusta puede ser una herramienta cruel y los fustazos dejan marcas muy particulares (o no, depende de lo que se quiera; ahí está el «arte» y la experiencia) que muchos sumisos y sumisas llevarán con orgullo y otros como marcas de vergüenza por ser producto del castigo.

La fusta no solo golpea, también permite ser una extensión y jugar con otros elementos como consoladores o plugs insertados, pinzas que estén mordiendo la piel y que condenes al sumiso a contar mientras las haces saltar con la fusta.
Los golpes en los genitales no se aconsejan salvo que controles mucho el elemento ya que son partes muy delicadas y tienes que saber muy bien lo que haces, la tolerancia del sumiso o sumisa y el tipo de marca que puedes dejar.

Zonas

Las zonas favoritas de castigo con la fusta suelen ser los glúteos, los muslos por fuera o por dentro (que son más sensibles), el pecho o pechos, pezones, pueden castigarse algunas partes de la espalda (dejando como zona prohibida la zona lumbar) y los brazos. También para castigos muy marcados se puede castigar las plantas de los pies o las palmas de las manos.

Como podéis ver es una herramienta deliciosa y malvada, seductora y a la vez inclemente. ¿Os animáis a probarla?