Malas prácticas, imprudencias y aficionados.

ghalia pala

Aunque parece que la conversación (o más bien el prejuicio y juicio sin conocimiento alguno) en las redes sociales sobre el BDSM está menguando su virulencia, y que las aguas vuelven a su cauce, dejándonos a los que practicamos esto, de nuevo, a nuestro aire, no dejan de salir noticias, porque siempre las hay y siempre las habrá, sobre las malas prácticas en el BDSM, y de nuevo, juzgando a la parte por el todo.

Hace poco encontré en una red social un testimonio de una sumisa que hablaba de su encuentro con un chico al que apenas conocía, que se las daba de dominante. Y durante unos días fue bien… hasta que pasó. Pasó lo que muchas veces se advierte desde el punto de vista profesional: la falta de control.

Porque todos son dominantes hasta que las hormonas bailan, y dejan de ser racionales. Un dominante, y no nos cansamos ni cansaremos de decirlo, tiene el 200% del control: el suyo y el de la parte sumisa.

Según el comentario de la sumisa, a base de tirarle del cabello en una fantasía de dominación, hacia atrás, le causó una lesión de hernia C5-6 en el cuello.

 

herida del cuello

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Dónde quiero ir a parar con todo esto? A que las marcas y las sesiones duras, están bien, siempre que sean deseadas por ambas partes. A que el BDSM es genial, cuando es consentido, de mutuo acuerdo y siempre que se conserve el control, porque la falta de éste es lo que causa los problemas.

La irresponsabilidad es no cuidar de tus sumisos, no preocuparte por ellos una vez acabada la sesión ni escucharlos, creyendo que por ser dominante se tiene que ser ajena al sentir y a la responsabilidad de los propios actos.

Una puede llevar años en el BDSM y sentir cómo una sesión evoluciona bien o se estanca, cuándo un sumiso no está diciendo la palabra de control cuando debería, viendo que está en el subespace porque realmente lo ha alcanzado y no es consciente totalmente. Eso nos distingue de los aficionados.

Aficionados, no porque no sean profesionales del BDSM y cobren por ello, sino porque se dejan llevar por multitud de lecturas y malas lecturas, fantasías mal enfocadas y algunas poco realistas que llevan a forzar situaciones, a eludir responsabilidad y a no ser todo lo cuidadoso y controlado que se debe ser para estar en el lado bottom del BDSM.

Todos sabemos que el BDSM puede englobar una gran cantidad de prácticas tanto soft como de alto impacto, con abrasiones, cuerdas, golpes controlados, ataduras y restricciones, y juegos más arriesgados como la asfixia, las agujas, ballbusting y otras más. Pero todo ello siempre es producto de una evolución medida y progresiva, de aprendizaje y exploración de los límites de cada uno.

Así que, como conclusión: la responsabilidad es parte del trabajo del dominante en el BDSM y por eso los sumisos nos dais lo más preciado que tenéis: vuestra confianza y vuestra voluntad para estar a nuestros pies.

2 comentarios sobre “Malas prácticas, imprudencias y aficionados.

    1. El BDSM como concepto apareció en 1990-91, con ese acrónimo, en una revista especializada de psicología y en otra de fetichismo. Sin embargo como práctica tiene milenios (podría, fácilmente, citar la tumba de la flagelación etrusca o las diamastigosis espartanas).
      Por no hablar de su demonización, pero también su conocida difusión como a través de las palabras del Marqués de Sade, que no hablaba de BDSM como tal pero sí de sus prácticas, amén de otras perversiones.
      Por lo que, respondiendo a la pregunta: el término BDSM aparece en la década de los 90, la proliferación de obras de este género, a principios del XX, pero su extensión abarca toda la historia humana. No somos los primeros en inventarnos lo del bondage, puesto que ya se ataba a los prisionaros, esclavos, etc, y el Shibari japonés, que era todo un arte, puesto que los nudos y las ataduras podían decirte hasta quién era la persona atada; ni la Disciplina, cosa habitual; ni el SadoMasoquismo ya que son filias que siempre han exisitido.

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