Instrumentos bedesemeros: el Flogger, cuando el placer y el castigo se unen

BDSM MALAGA Domina Ghalia requisitos

Quizás una de las herramientas más utilizadas en BDSM (aparte de la icónica fusta, por supuesto), sea el flogger. Es un elemento que personalmente me encanta.

Utilizado desde tiempos inmemoriales como instrumento de castigo, con elementos comunes a la «disciplina», se compone de algo tan sencillo como un mango y varias «colas» para azotar al sumiso. Existen innumerables modelos y muchos de ellos aparecen solo por detrás de la fusta como icono del BDSM.

Erotismo

Tiene un componente erótico ya que estamos hablando de un instrumento que puede variar su tipo de impacto desde la caricia suave y caprichosa hasta la intensidad más o menos media (en función del flogger, algunos pueden ser de alta intensidad). Deja una marcas preciosas, muy particulares y que también varian según sea el tipo de impacto que se busque.

Al ser, en principio, un instrumento «suave» (no como la fusta o la vara, que están catalogados como «duros»), las diversas colas pueden repartir o concentrar el impacto, pueden crear sensaciones eróticas, divertidas, y ser usado como una herramienta de diversión o convertirse en un instrumento de castigo más serio, concentrando el impacto, castigando las zonas con más intensidad y pudiendo usarse más veces que los instrumentos más duros al crear menos impacto. Esta sensación hace que el sumiso perciba el flogger al principio como algo casi agradable para acabar siendo, azote tras azote, algo que teme tanto como desea.

Igualmente otra de las ventajas es que al ser un instrumento «suave» puede tocar zonas que los más duros tienen vedadas o no puden aprovechar tanto sin dejar marcas rápidamente, como la fusta, por ejemplo que siempre se hace notar con pocos toques concentrados. Puede tocar pecho, genitales o la espalda entera (sin pasar a alta intensidad, por supuesto), sobre todo en el calentamiento inicial.

Y es que muchos lo usan como un instrumento de calentamiento, cuando no usan la mano directamente. Permite cubrir mucha área de impacto y repitiendo bastantes veces calienta la piel y la predispone para posteriores «cuidados» del sumiso.

Instrumento para todos los públicos.

Como hemos dicho es uno de los más representativos del BDSM. El flogger hasta se regala entre parejas de fuera del ámbito bedesemero como algo gracioso o picantón (junto a los antifaces y las fustas de coña, esas que acaban en corazoncito). Si bien necesita algo de práctica para sacarle jugo, hasta el más «inocente» siempre que tenga un mínimo de calidad puede encender pasiones y más de un descubrimiento entre parejas no afines al BDSM.

Uso

El flogger necesita más espacio para su uso ya que las colas deben pendular y poder moverse sin nada que les estorbe.

Quizás necesita un poco de más entrenamiento que la fusta, por ejemplo, con la que apuntas y golpeas, pero este tipo de azotador requerirá más práctica. Las colas pueden perder fuerza, abrirse cuando no deben o dispersar el golpe para que quede en nada.

Lo bueno de este instrumento es que permite hacer azotes amplios que cubran, por ejemplo, toda la espalda, o concentrados, alcanzando solo un punto concreto.

La intensidad de la sensación también varía, no es lo mismo golpear con las puntas del flogger a gran velocidad para provocar sea sensación de quemazón que repartir más los azotes para calentar un área más grande como las nalgas o la espalda.

El número de colas, tipo de mango y tamaño también influirá. Sí, el tamaño importa. Un flogger para que sea práctico debe tener un número suficiente de colas, el mango tiene que ser cómodo ya sea rígido o en anillo (un modelo muy popular). Algunos tienen el mango y las colas conectadas por anillos pero esos son un poco más difíciles de controlar sin experiencia, yo recomendaría para iniciados uno integral y con las colas no más largas de 30cm. Un flogger más profesional puede tener colas de hasta medio metro y con acabados en nudos, como las disciplinas.

Materiales

Los materiales hacen que un flogger sea más duro o menos, que juegue a abrirse más o que las sensaciones varíen. La piel siempre es bienvenida y es un material agradable; el cuero resulta más duro en función de lo curtido que esté y de si está acabado en algún «regalito» como uno o varios nudos rígidos. También los hay de cuerda trenzada y hasta de silicona. Poco a poco una se va haciendo una pequeña colección y comprueba que cada tipo de material tiene sus sensaciones particulares.

 

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Personalmente es uno de mis instrumentos preferidos, casi me identifico con él puesto que es flexible, ágil y puede picar cuando menos te lo esperas. No puedes fiarte de que siempre sea suave sino que guarda más de una sorpresa. Y sus sensaciones, el olor del cuero, la capacidad para usarlo como una herramienta de agarre, de presa… para mi es una delicia y representa muchos de los puntos que más me gustan del BDSM, como su capacidad erótica y a la vez flexible.